Un conjunto de científicos del Pacific Northwest National Laboratory (PNNL) en Estados Unidos ha ideado una manera para producir biocombustible de manera sostenible a partir de las aguas residuales a una escala industrial. El equipo considera que este sistema para obtener combustible es el futuro y que está mucho más cerca de lo que pensamos.
Las aguas fecales siempre han sido un como material considerado por los científicos para la producción de biocrudo. Sin embargo, tradicionalmente ha presentado problemas debido a que resulta un elemento demasiado húmedo y requiere ser secado antes de ser tratado a través de los procesos convencionales.
Sin embargo, la tecnología que han empleado estos investigadores se basa en la licuefacción hidrotermal, que es una técnica que imita las condiciones geológicas que se producen en la Tierra para crear el petróleo crudo. Consiste en aplicar presión y temperaturas elevadas para conseguir en unos minutos unos resultados que de manera natural se pueden demorar millones de años.
El material resultante de este proceso es similar al petróleo crudo, con una pequeña cantidad de agua y oxígeno mezclados en su composición. Después, el compuesto puede ser tratado mediante operaciones de refinado convencionales.
El equipo de investigadores considera que su tecnología tiene un gran potencial para producir biocombustible, y se diferencia de otros métodos respetuosos con el medio ambiente porque tiene la ventaja de que no es necesario utilizar materiales, sino que se hace uso de desechos que de otro modo habría que procesar, con el gasto que esto conlleva.
Los científicos calculan que con los 128 mil millones de litros de aguas residuales que se generan diariamente en Estados Unidos sería posible producir 30 millones de barriles de petróleo biocrudo. El PNNL, en colaboración con las empresas Genifuel y Metro Vancouver, está construyendo una planta piloto para convertir las aguas residuales en biocombustible y estará lista en 2018.
Las ballenas a parte de ser un animal a proteger por su pesca abusiva en el pasado y su peligro de extinción, pueden ser de gran ayuda para el hombre en su lucha contra el cambio climático.
En estudios realizados por la bióloga marina de Sri Lanka, Asha de Vos, especialista en la Ballena Azul en el norte del océano Índico, nos muestran que tanto las heces como los cuerpos de las ballenas pueden ayudarnos en nuestra, de momento improductiva, tarea contra el cambio climático. Eso nos hace dar un vuelco al concepto proteccionista de las ballenas, que pasa de “qué podemos hacer nosotros por las ballenas” a “que pueden hacer las ballenas por nosotros”, una consideración muy al estilo del famoso discurso del presidente Kennedy.
Las heces de ballena son esenciales para el planeta <style> .wpb_animate_when_almost_visible { opacity: 1; }</style>
Desde que en los años 70 comenzara la lucha contra la pesca de la ballena con el famoso lema “Save the Whales”, que comenzó con la concienciación sobre este tema, se han logrado bastantes resultados como la prohibición en los 80 de la caza de estos animales, aunque el tema de su conservación aún es preocupante.
Se ha comprobado que las heces de ballena son alimento para el fitoplacton en el momento de su expulsión, y una vez llegan al fondo aportan detritos no sólo para abonar los fondos marinos para la vegetación, sino que también sirve de alimento a numerosos animales bentónicos, además la migración anual de las ballenas hace que ese “abonado” se reparta en casi 20.000 km al año.
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Las ballenas son útiles para nosotros incluso una vez muertas, ya que fijan alrededor de 190.000 toneladas de carbono que para hacernos una idea, sería lo que emitirían al año 80.000 automóviles, así que una vez mueren, estos cuerpos quedan en el fondo del océano en el los denominados “sumideros de carbono” en aguas profundas, ayudando al planeta a mantener alejado este exceso de carbono de la atmósfera y disminuyendo el calentamiento global.
Los cuerpos que van a parar a las playas, también sirven como alimento para otras especies, lo que hace que su existencia sea tan importante para todos.
Asha de Vos nos insta al resurgir del lema “Save the Whales”, pero esta vez, dándole un vuelco y mostrando que si bien la existencia de las ballenas depende en parte de la humanidad y su comportamiento con ellas, nuestro futuro próximo puede depender también de su supervivencia.
El móvil, el wifi y hasta el despertador: descubre cómo evitar las radiaciones que emitimos en casa
Aunque no lo parezca, nuestra casa está expuesta a un elevado nivel de contaminación electromagnética. Es decir, durante nuestra vida diaria estamos expuestos a numerosas ondas y campos electromagnéticos que pueden acabar incidiendo en nuestra salud. Por fortuna, podemos aplicar unos consejos que nos ayudarán a evitar las radiaciones en el hogar.
El dormitorio, un lugar clave
Uno de los espacios más importantes del hogar es el dormitorio, ya que es dónde pasamos más horas y, además, las más importantes: nuestro descanso.
Aunque en casa no dispongamos de herramientas profesionales de medición electromagnética, sí que podemos aplicar el sentido común para evitar ciertos problemas con el exceso de ondas. Por ejemplo, es importante que ubiquemos nuestro lugar de descanso en el espacio de la casa que reciba las señales de wifi más bajas. Por supuesto, dormir con el wifi y el móvil apagados, o al menos en modo avión, nos ayudará a un mejor descanso.
Otro consejo para garantizarnos un descanso libre de ondas es no colocar el despertador eléctrico cerca de nuestra cabeza, ya que puede producirnos migrañas. Es mejor utilizar un despertador de pilas y mantener incluso las lamparillas de la mesita lo más alejadas posible.
Optar por el cable
Siempre que podamos, usar teléfono por cable nos resultará más saludable que un inalámbrico. Y lo mismo se aconseja en el caso de Internet. Podemos optar por cables de 15 o 20 metros para movernos sin problemas y, en caso de que sea inviable esta instalación, elegir los modelos eco-dect de teléfono inalámbrico siempre nos evitarán una emisión continua de ondas durante las 24 horas del día.
Sería recomendable que planteásemos estas cuestiones en la próxima reunión de vecinos, ya que los inalámbricos tienen un alcance de decenas de metros entre tabiques, y de centenares al aire libre. Por lo tanto, no nos sirve de mucho controlar nuestras ondas si el vecino no lo hace.
No olvidemos que otro gran protagonista de nuestra vida diaria y un gran de emisor de radiación es el microondas; por lo que es mejor que no esperes delante de él mientras esté en funcionamiento, aunque sea solo para un minuto.
El uso del móvil
Si queremos evitar el efecto de las ondas, lo mejor que podemos hacer es dejar de usar el móvil. Esto no es nada fácil, pero sí que es posible que apliquemos unos consejos prácticos que nos ayudarán a reducir al máximo la contaminación electromagnética.
De hecho, lo más aconsejable sería tener el móvil apagado o en modo avión, si no lo estamos usando. Así, evitaremos que intente conectar constantemente con la antena.
Además, optar por aplicaciones de chat y mensajes de texto en lugar de llamadas siempre nos será más saludable, igual que hablar por el fijo si vamos a tener una conversación larga.
Finalmente, debemos tener mucho cuidado con alejar el móvil de la cabeza lo máximo posible para evitar el efecto de las ondas. Incluso, durante la conversación es aconsejable cambiar el móvil de lado de la cabeza cada pocos minutos.
Y respecto a la televisión, es mejor desconectarla por completo en lugar de hacer uso del stand-by, así como sustituir las pantallas de plasma y con tubo catódico por las de cristal líquido.
Para conseguir una instalación bioeléctrica y evitar campos eléctricos y magnéticos innecesarios en nuestro hogar, también podemos aprovechar la próxima visita del electricista para comprobar que la toma de tierra, el cuadro de mandos con diferencial y el cableado de nuestra casa son adecuados para reducir nuestra exposición a las ondas.
Interior de la sede de SES Astra en Luxemburgo. EL MUNDO
La forma de ver televisión avanza a pasos agigantados. Mientras en España seguimos peleados y hablando de licencias, canales y frecuencias, en el resto de Europa los avances están encaminados a innovar en la calidad de la señal. Y ahí manda el UHD, o Ultra High Definition. El operador de satélites SES Astra ya está dando grandes pasos en este sentido, y ha lanzado en Alemania cinco canales que emiten completamente en UHD, mientras en España hay aún un porcentaje de la población que está anclada en el SD, o standard definition.
A nivel tecnológico España no está preparada para la UHD, y aún queda mucho tiempo para que lo esté. De hecho, todo nuestro sistema de la Televisión Digital Terrestre (TDT) tiene una capacidad, para todos los canales, de 19 megabytes (MB) por segundo. Un solo canal de UHD utiliza 22 megabytes por segundo para funcionar. Esto quiere decir que todo el modelo televisivo español no podría soportar ni siquiera un canal de ultra alta definición.
La diferencia parte del modelo que han adaptado ambos países tras el apagón analógico. Mientras en Alemania tienen un sistema audiovisual basado en la señal vía satélite, en España hemos adoptado la vía terrestre, que tiene un ancho con menos capacidad y que además no es capaz de cubrir el 100% del territorio nacional. Eso por no mentar los múltiples problemas que le ha generado a Industria repartir las frecuencias y la posición hegemónica de Atresmedia y Mediaset, dos grupos que acaparan el 80% de la publicidad y algo más del 50% de la audiencia.
Ses tiene, a través de sus satélites, una penetración de más de 300 millones de usuarios, de los que 154 están en Europa, de donde proceden además alrededor del 53% de sus casi 1.900 millones de euros de ingresos anuales. De hecho, sus satélites son los responsables de la emisión de plataformas tan importantes como la cadena británica Sky. Además, en la parte técnica, ya tienen un acuerdo con la flamante SpaceX para rebajar los costes del lanzamiento de los satélites, que suelen estar entre 250 y 300 millones de euros.
Durante décadas, científicos habían intentado, sin éxito, detectar estas ondas, fundamentales para entender las leyes del Universo y que muestran cómo los objetos hacen que el espacio-tiempo se curve.
Hasta este 11 de febrero de 2016.
«Hemos detectado ondas gravitacionales», anunció este jueves David Reitze, director ejecutivo del Observatorio Avanzado de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales, conocido como LIGO.
Según los expertos, las ondas captadas vienen de la colisión de dos agujeros negros, uno 29 veces más grande que el Sol y el otro con un tamaño 36 veces mayor, que crearon un nuevo agujero 62 veces la masa de nuestra estrella solar.
Este evento pudo ser «escuchado» por LIGO; y tras varios meses de revisiones y corroboraciones de los datos, pueden decir con seguridad que se trata de las ondas gravitacionales.
«Esto marca el inicio de una nueva era de la astronomía», le dijo a BBC Mundo la doctora Alicia Sintes, del departamento de física de la universidad de las Islas Baleares y el Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña, España, quien participó en el proyecto.
«Esta será una herramienta con la que estudiar el Universo y todos los objetos astrofísicos que existen», agregó.
También es la constatación absoluta de la última predicción que hizo Einstein.
Según la teoría de Einstein, todos los cuerpos en movimiento emiten esas ondas que, de la misma forma que una piedra afecta el agua donde cae, producen perturbaciones en el espacio.Y fue el 25 de noviembre de 1915 cuando Albert Einstein presentó la versión final de sus ecuaciones del campo ante la Academia Prusiana de las Ciencias.
Estas son la base de su Teoría General de la Relatividad, un pilar fundamental de la física moderna que ha transformado nuestra comprensión del espacio, el tiempo y la gravedad.
Gracias a ella hemos podido entender muchas cosas: desde la expansión del Universo hasta el movimiento de los planetas y la existencia de los agujeros negros.
Image copyrightThinkstockImage caption El Universo está repleto de ondas gravitacionales, según Einstein.
Pero Einstein también propuso la presencia de ondas gravitacionales. Estas son, esencialmente, las ondulaciones de energía que distorsionan la estructura del tiempo y el espacio.
Cualquier objeto con masa debería producirlas cuando está en movimiento. Incluso nosotros.
Pero cuanto más grande es la masa y más dramático el movimiento, más grandes son las ondas.
Image copyrightAFPImage caption Hace 100 años Albert Einstein propuso la existencia en la Tierra de las ondas gravitacionales.
Y Einstein predijo que el Universo estaba repleto de ellas.
La gran L
Image caption El laboratorio en el que se desarrolla el proyecto Virgo está en la campiña cerca de Pisa, en Italia.
Si bien los astrónomos tenían evidencia indirecta de su existencia, hasta ahora nadie había podido observar estas rarezas cósmicas.
Pero los investigadores estaban trabajando para detectar las pequeñísimas distorsiones que se crean cuando las ondas gravitacionales pasan a través de la Tierra.
Los detectores de EE.UU. –el observatorio de ondas gravitacionales de interferómetros láser, LIGO– y el de Italia, conocido como Virgo, están formados por dos túneles idénticos en forma de L, de unos 3 km de largo.
Y el proceso empleado para detectar las elusivas ondas comienza con la generación de un rayo láser que luego se divide en dos: una mitad es impulsada a través de un túnel y la otra por el otro.
Un espejo en cada túnel hace rebotar a los rayos láser muchas veces hasta que se vuelven a recombinar.
Si una onda ha viajado a través del túnel distorsionará sutilmente su entorno, cambiando la longitud de los túneles en una cantidad diminuta (sólo una fracción del ancho de un átomo).
Y la forma en que las ondas se mueven a través del espacio significa que un túnel se estira y el otro se encoge, lo cual hará que un rayo láser viaje una distancia levemente mayor, mientras que el otro hará un viaje más corto.
Como resultado, los rayos divididos se recombinan de una manera diferente: las ondas de luz interferirán entre sí en vez de cancelarse.
Esta observación directa abre una nueva ventana al cosmos, una que no hubiese sido posible sin Einstein.
Ver y escuchar
Image copyrightAFPImage caption Con esta nueva rama de la astronomía se podrá estudiar al detalle objetos ya conocidos del espacio y otros inimaginables.
Esto se debe a que hasta ahora los objetos del espacio se habían podido estudiar con ondas electromagnéticas, es decir con la radiación que emitían.
Pero los objetos también emitan estas perturbaciones que se acaban de detectar, por lo que a partir de ahora, los físicos podrán mirar los objetos con las ondas electromagnéticas y escucharlos con las gravitacionales.
«Ahora tienes dos sentidos diferentes y complementarios para estudiar las mismas fuentes», explicó Sintes. «Y con ello puedes extraer mucha más información».
Image copyrightThinkstockImage caption La teoría de la relatividad nos ha permitido entender en gran medida cómo funciona el Universo.
«No estamos hablando de expandir un poco más el espectro electromagnético, sino que es un espectro nuevo», agregó.
La experta señala que con las ondas electromagnéticas uno puede recibir información del Universo cuando tenía una edad de 300.000 años.
«En cambio, con las ondas gravitacionales puedes ver las que se emitieron cuando el Universo tan solo tenía un segundo de edad«.
Esto es lo que es posible estudiar a partir de ahora.
«Vamos a escuchar más sobre los objetos que ya conocemos y vamos a escuchar cosas que nunca nos hemos imaginado», dijo al respecto David Reitze.
Para los expertos, este descubrimiento marca una fecha histórica en la que empieza una nueva era de la astronomía.