@CatSeguros – SOCIEDAD: Las mil batallas por la tierra que incendian la Amazonia. (EL PAÍS – 01/Sep/2019). @el_pais @elconfidencial #Actualidad #Economia #Finanzas #Noticias #Politica #Salud #Sociedad #CatSegurosSalud #CatSegurosInforma


Pista de aterrizaje ilegal en plena selva amazónica. En vídeo, nuevos focos de incendios dificultan la lucha contra el fuego. FOTO: L. CLARETO | VÍDEO: ATLAS

El Artículo – 01 (EL PAÍS – 01/Sep/2019):

EL PAÍS recorre el Estado de Pará, donde conviven indígenas aislados, ganaderos en busca de pasto, agricultores sin tierra, policías sin recursos y zonas sin ley: un cóctel explosivo.

En una calurosa mañana del jueves 29 de agosto, dos docenas de agentes encargados de proteger la Amazonia, en ocho camionetas, cruzan, en un barco, el río Xingu, en el Estado de Pará, al norte de Brasil. Partieron de la ciudad de Altamira. La misión consiste en descubrir personas que deforestan una de las áreas protegidas de esta región: el territorio denominado Ituna Itatá, donde vive un pueblo indígena aislado. 

Tras bajar los vehículos del barco, el recorrido se hace lentamente por una carretera de tierra con grandes baches, casi agujeros. El viaje dura cuatro horas. Los puentes que salvan los ríos se hacen con avejentados y precarios tablones de madera. La sensación es que pueden romperse en cualquier momento cuando un coche pasa sobre ellos.

La Amazonia brasileña arde a un ritmo récord

Un importante fabricante de ropa y calzado veta el cuero brasileño tras los incendios en la Amazonia

La vegetación original nativa, con sus enormes y centenarios árboles, se hace más densa conforme el convoy avanza hacia el interior de las tierras indígenas. Pero hay, asimismo, huellas de destrucción: cientos de troncos de madera están tumbados en el suelo y se ven zonas enteras con rastro de haber sido quemadas para dejar terreno abierto. Hay marcas de máquinas y tractores, señal de que la acción de los invasores es reciente. También se encuentran restos de campamentos, cuartos de baño y tanques de agua de 5.000 litros que sirvieron a los trabajadores encargados de destruir estas tierras. Tras algunos minutos caminando entre los escombros de una selva, los agentes encuentran, sorprendidos, una pista de aterrizaje en plena selva amazónica.

Como el salvaje Oeste

La zona que recorre la patrulla es una diminuta parte de una región, llena de riquezas naturales, formada por la inmensa cuenca hidrográfica del río Xingu, un afluente del Amazonas. Esta cuenca es un territorio de más de 530.000 kilómetros (más grande que España). Una gigantesca tierra de nadie. Lo más parecido al salvaje Oeste de las películas de John Ford. En Pará, el Estado casi no existe y la ley es, muchas veces, un precepto puramente teórico. Aquí se disputa cada trozo de la inmensa Amazonia con sierras eléctricas, con armas y con fuegos. Hay ganaderos incansables tras nuevos pastos, labradores sin tierras, mineros que persiguen yacimientos y hasta buscadores de oro. Todas estas vidas e intereses se cruzan en una tierra a veces sin ley.

Las mil batallas por la tierra que incendian la Amazonia

La lucha —en ocasiones también la pura necesidad para habitantes que viven en la miseria— de tierra, oro y madera es imparable. Y la consecuencia de todo esto son los numerosísimos incendios que hicieron, durante las últimas semanas, que el mundo volviese sus ojos al corazón verde del planeta. Con preocupación y con miradas críticas. Los incendios constituyen, en el fondo, la última de las mil batallas que se libran continuamente en estos territorios y que poco a poco van carcomiendo la más grande selva tropical de la Tierra. Cuando el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, criticado por descafeinar la ley para favorecer la deforestación, decidió intervenir en la crisis de los incendios espoleado por las críticas internacionales, Altamira se convirtió en la ciudad epicentro de la logística, donde se concentran los equipos de inspección del IBAMA (Instituto Brasileño del Medioambiente y Recursos Naturales) junto a los policías de la Fuerza Nacional y los soldados del Ejército designados por el mandatario.

Hasta el pasado 15 de agosto la ciudad era la tercera con más focos de incendio este año y la primera con más alertas de deforestación, según los datos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE), del Gobierno brasileño. Otras localidades cercanas también están entre las más deforestadas. En una palabra: la zona cero de la deforestación de la Amazonia, que se va destruyendo poco a poco, con acciones como la que los agentes proteccionistas (funcionarios del IBAMA) acaban de descubrir en su patrulla. 

(… seguir leyendo este articulo).


El Artículo – 02: La destrucción española del Amazonas de la que nadie habla: importamos en masa su soja. (El Confidencial – 31/Ago/2019):

Foto aérea de una zona de la Amazonía “limpiada” por leñadores y granjeros, justo antes de arder. (Reuters)

La escasez de hectáreas de cultivo de soja en la península y las restricciones de la Unión Europea obligan a comprar más de tres millones de toneladas anuales a Brasil.

Joaquín Aniés trabaja como agricultor en los campos del Alto Aragón. Como otros tantos labriegos, aprovecha la riqueza de esta modernizada zona de regadío del norte de España para sacar el máximo partido a sus tierras. Pero su caso es algo especial y diferente al del resto: aunque pueda sonar raro a estas alturas, él es de los pocos agricultores españoles que, con nuestro país importando este producto en máximos históricos, se atreve a apostar por la soja.

Desde hace seis años, Joaquín es uno de los pioneros de este tipo de oleaginosas que triunfan tanto en consumo humano (quién no ha probado la leche de soja) como en consumo animal, además de en todo el boyante mercado de lo orgánico. De las 96 hectáreas que dedica a este cultivo (alternando su plantación con otra de cebada) saca alrededor de 336 toneladas de granos de soja que vende a unos 480 euros cada una. Pero ¿por qué si España está tan necesitada de soja, los empresarios no se animan en masa con ella? El problema está bastante relacionado con la deforestación del Amazonas.

Aunque las 336 toneladas de Aniés son un buen número, la cantidad se queda muy atrás si se compara con los 3.300 millones que importa España cada año de todo el planeta y que tiene a Brasil (y en especial a la zona Amazónica) como principal productor. De hecho, somos el segundo importador de la Unión Europea, un dato muy relevante que se explica con la experiencia del agricultor aragonés.

“Casi el 100% de mi producción se la lleva el sector lácteo para todo tipo de bebidas de soja. Nos hemos centrado mucho en la calidad que exigen estas compañías y los estándares europeos para ofrecer un producto lo más óptimo posible”, explica Joaquín, en conversación con Teknautas. “Y no es que no queramos competir en la parte que va a los piensos para animales, de hecho vendemos algo para ese fin, pero es que en ese apartado es imposible competir a día de hoy como agricultor español”.

En el mapa español hay tan solo 1.600 hectáreas dedicadas al cultivo de la soja —según los datos de las Naciones Unidas— mientras que en Brasil son más de 33 millones. Por si fuera poco, los agricultores españoles que de momento se animan con la soja deciden centrar su producción en la alimentación humana de calidad y producción ecológica, el único mercado de esta legumbre donde tienen capacidad para competir. Mientras tanto, la soja brasileña representa más de la mitad de la importación que España realiza cada año de esta oleaginosa.

La razón para esto es bastante contundente tanto para Joaquín como para el resto de agricultores. “En Europa está prohibida la plantación de soja transgénica y eso encarece los costes de nuestros cultivos. Sin embargo,sí que se permite su importación. En Brasil y en EEUU sí pueden cultivar este tipo de soja que es resistente al glifosato es ahí donde radica la diferencia de precio: nuestras toneladas salen por unos 480 euros y las suyas se mueven por los 360″.

Joaquín en su cultivo de soja oscense. (Foto cedida)
Joaquín en su cultivo de soja oscense. (Foto cedida)

España, un cliente codiciado.

Teniendo en cuenta que la composición en proteína y aminoácidos de la soja la ha convertido en un ingrediente de fuerte presencia en los piensos compuestos que se utilizan en la ganadería, lo cierto es que España no puede vivir sin Brasil. Si nuestro país alimenta de media a más de 50 millones de cabezas de ganado y la producción de soja española es residual, la ecuación es fácil de resolver: la soja es un producto necesariamente importado. “Para plantar la soja aquí haría falta inocular la semilla, lo que incrementa mucho el precio. Sin embargo, el 90% de la producción de soja de países como Brasil, Argentina o Estados Unidos es transgénica“, explica David Erice, miembro del Gabinete Técnico de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA). Y transgénico significa barato.

(… seguir leyendo el artículo).


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