… «Una de las prácticas espirituales más importantes es dejar que las cosas sean tal como son, sin interpretación, sin embellecerlas, sin juzgarlas. Inmediatamente, esto pone al ego del revés.» …
… «Una de las prácticas espirituales más importantes es dejar que las cosas sean tal como son, sin interpretación, sin embellecerlas, sin juzgarlas. Inmediatamente, esto pone al ego del revés.» …
… «Reconozco que todo depende de mí. Yo soy el canal para el amor en el mundo. Sólo entonces es respondida mi llamada al amor» …

Por | Consejos psicológicos, Desarrollo personal, Terapia de pareja.
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(por | Consejos psicológicos)
La fobia social es mucho más que ser tímido en determinadas situaciones.
El miedo al ridículo, a hablar en público, a sentirnos juzgados…son miedos que muchos hemos enfrentado en alguna ocasión. Sin embargo, no siempre es fácil superar estos miedos, pues es cuestión de grado.
De hecho, en ocasiones estos miedos pueden esconder dificultades más serias como son la fobia social.
Hoy quiero dedicar este artículo a todas esas personas que han pasado de sentir miedo a sentir fobia ante determinadas situaciones sociales aparentemente tan cotidianas como comer, beber o hablar en público.
Es por eso que voy a hablar de fobia social.
Por ejemplo, en algunos casos pueden aparecer únicamente sólo ante la posibilidad de comer, beber o exponer un trabajo o una opinión delante de otros, esto son fobias sociales específicas.
En otros casos, puede ser algo más generalizado como iniciar o mantener una conversación, tener citas, participar en pequeños grupos… siendo esta última opción la más frecuente.
Estas son algunas de las frases que he escuchado en más de una ocasión relacionadas con miedos sociales.
Ojo, no siempre que se producen estos miedos hay fobia social, pero sí pueden degenerar en ella.
Si revisamos los manuales diagnósticos como el DSM, encontramos que la fobia social se define como:
Además, requiere, entre otros, de los siguientes criterios:
La fobia social acarrea malestar a nivel fisiológico, conductual, cognitivo y, por supuesto emocional, dado que interfiere con la vida de quien la padece.
A nivel fisiológico, es frecuente la sudoración, temblor, taquicardia, enrojecimiento facial…
Al ser síntomas visibles a los demás, con frecuencia se viven como una muestra de defecto o incapacidad y se plantean como el principal problema.
Respecto a los síntomas conductuales, lo más característico son las reacciones de escape y evitación.
Entre estas conductas está el rehuir la mirada, no asistir a actos sociales, no hablar…
En cuanto a los síntomas cognitivos, generalmente estos giran al miedo a la evaluación negativa, a la desaprobación, a la crítica…
Son comunes los pensamientos del tipo: “estoy haciendo el ridículo”, “pensarán que soy raro, un inútil, un fracaso…” , etc.
A diferencia de lo que ocurre con otros problemas de ansiedad, en estos casos, lo que se siente amenazado es la propia autoestima e integridad psicológica.
Es por ello que la fobia social con frecuencia lleva asociados otros trastornos y dolencias.
Entre ellos: la depresión, el consumo de drogas o incluso los intentos de suicidio.
Afortunadamente, la fobia social tiene tratamiento.
De hecho, se observan buenos resultados con la aplicación en el proceso psicoterapéutico de técnicas cognitivo-conductuales.
En concreto, el empleo de técnicas como la exposición, la relajación y el entrenamiento en habilidades sociales pueden ser de gran utilidad en su tratamiento.
A este respecto, si deseas recibir mi ayuda profesional como psicóloga, ya sabes que me tienes a tu disposición.
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Estaré encantada de atenderte tanto en mi centro de psicología de Alcorcón como a través de la terapia on linesi así lo deseas.
“Soy Ana Hidalgo, psicóloga de profesión y persona como tú, con grandes experiencias tanto a nivel personal como profesional.
Me dedico a ayudar a personas a superar situaciones difíciles y salir fortalecidas de ellas.
Si quieres recibir semanalmente artículos sobre amor, desamor y relaciones en general, suscríbete gratis a mi blog en terapiaconAna.com”.

Cada día nuestro ritmo de vida se vuelve más acelerado. Tenemos tantas cosas que hacer que vemos la hora de dormir como una pérdida de tiempo valioso. Pero cuando descansamos, en nuestro en nuestro cuerpo siguen pasando cosas.
Mientras dormimos, que suelen ser entre 6 a 8 horas, nuestro organismo pasa por lo que conocemos como etapas del sueño. Si despertamos durante la primera, que es cuando nuestros músculos comienzan a relajarse y el movimiento ocular se hace más lento, sentiremos que no hemos dormido o descansado nada. En ese momento es mucho más fácil que algo nos despierte.
El profesor asistente de psiquiatría de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos), Philip Gehrman, explicó que en la segunda fase entramos en un sueño promedio. ¿Qué ocurre durante este tiempo? Nuestras ondas cerebrales se vuelven más lentas (aunque muchas veces presentan variaciones de mayor intensidad), así como nuestro ritmo cardíaco y presión arterial, que también comienzan a presentar ritmos regulares. Esta es la forma que tiene el cuerpo de darle un descanso al corazón y al sistema vascular. Y es que el sueño, de hecho, produce beneficios cardiovasculares.
Esto quiere decir, en pocas palabras, que cuando experimentamos esta etapa nuestra temperatura corporal disminuye, el corazón se tranquiliza y sus latidos se vuelven muy regulares, así como nuestra respiración. Como se bloquea el acceso de información, perdemos por completo la noción del sitio donde nos encontramos. Nuestras ondas cerebrales ocurren con mayor pausa, la presión arterial disminuye y los músculos se relajan.
La tercera etapa es conocida como sueño profundo. Es allí donde el cuerpo comienza a repararse; es decir, el cerebro se encarga de enviar ondas restaurativas, que son de características lentas y amplias. Las funciones de nuestro cuerpo comienzan a tornarse lentas para que podamos restituir las energías y tengamos la sensación de haber descansado.
Como en esta fase estamos prácticamente inconscientes, hay personas que caminan dormidas, hablan e incluso comen cuando están en ella.
Cuando experimentamos sueños vívidos es porque estamos en la fase de sueño #REM. El nombre de esta etapa se debe a que en ella ocurren movimientos oculares rápidos (rapid eye movement, en inglés). Algunos científicos denominan “paradójicos” los sueños que creamos cuando estamos en #REM, porque mientras nuestro cerebro está en plena luminiscencia, como si estuviéramos despiertos, el cuerpo permanece quieto. Para este momento del sueño los músculos se paralizan, mientas que la frecuencia cardíaca se torna variable.
También liberamos hormonas cuando atravesamos esta etapa. Tal y como explica la Red de Salud Hormonal, mientras estamos dormidos nuestro cuerpo produce el equilibrio de dos hormonas: la leptina, que se encarga de inhibir el hambre, y la ghrelina, que la provoca; aunque no se sabe exactamente cuando ocurre. Cuando una persona no duerme suficientes horas, este equilibrio se rompe. De hecho, es común que las personas que sufren de insomnio tengan alteraciones en el apetito.
Nuestro cerebro también trabaja arduamente durante esta fase. Primero comienza a bloquear los recuerdos para poder centrarse en el proceso de archivar la información vivida el día anterior.
Los expertos recomiendan a las personas dormir de 7 a 10 horas cada noche. Y aunque no siempre es posible cumplirlas, por diferentes razones, ya conocemos lo que ocurre con nuestro cuerpo mientras dormimos.

Durante décadas, fue una verdad asumida por todos: el ser humano nace con un número finito de #Neuronas que se van degradando y jamás son sustituidas. Fin. La vida regalaba a cada uno un paquete cerrado de estas células, que debían ser cuidadas con responsabilidad.
Pero ninguna verdad es absoluta: la ciencia se ha ocupado de probar que la generación de neuronas es también una realidad en otras edades y momentos del ciclo vital, no solo durante la etapa embrionaria. Es el proceso conocido como neurogénesis adulta; el cerebro fabrica nuevas neuronas que completan a las que cada uno ha desarrollado por la fusión del espermatozoide y el óvulo de los padres. Y las pone a funcionar.
Pero el cambio de paradigma no se circunscribe al hecho de que esta nueva verdad esté ya probada. Algunos estudios apuntan a que estos procesos de #Neurogénesis adulta se pueden propiciar, que se pueden precipitar y reforzar, asumiendo una serie de prácticas relacionadas con los hábitos y las rutinas.
Si bien existen opiniones encontradas sobre cuándo, por qué y con qué intensidad se desatan estos procesos de producción, docenas de investigaciones han comprobado que mediante la dieta, el ejercicio e, incluso, la práctica del sexo, es posible fomentar la neurogénesis y echar una mano al sacrificado cerebro. Siempre hacendoso. Siempre en marcha. Y crucial para vivir más y mejor.
Así cuantifica la producción un equipo de expertos en el Instituto Médico Karonlinska, en Suecia, tras analizar la concentración de carbono 14 en el ADN de las neuronas presentes en el hipocampo de personas fallecidas. Con su estudio, publicado por la revista Cell, constataron que “las neuronas se generan también durante la edad adulta y que puede contribuir al buen funcionamiento del cerebro”.
Pero van más allá. Los autores avanzan que estas nuevas neuronas pueden tener un valor fundamental para futuras investigaciones relacionadas con el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas.
“Conocer esta realidad genera una expectativa. Se abre la puerta a desarrollar diferentes tratamientos que promuevan esta generación”, afirma Pablo Irimia, neurólogo de la Clínica Universidad de Navarra y vocal de la Sociedad Española de Neurología (SEN), que añade: “Ahondando en estas investigaciones se podría, de algún modo, ofrecer expectativas en algunas enfermedades”.
Afirma asimismo que estos procesos de neurogénesis adulta tienen un papel limitado, incapaz de corregir lesiones cerebrales serias, y que van mermando su efecto con la edad, pero que “nos dan pistas de que existe la posibilidad de inducir la aparición de neuronas a través de fármacos y tratamientos concretos”.
El catedrático de Biología Celular de la Universidad de Valencia José Manuel García Verdugo, no obstante, circunscribe estos puntos intensos de neurogénesis adulta a los primeros años de vida: “Posiblemente, estos procesos se den únicamente hasta los 7 años, siendo especialmente activos en el primer año de vida”.
Durante esa primera etapa, al patrón genético heredado de los padres se le suman otras neuronas que establecen nuevas redes y circuitos sinápticos, responsables de la asunción de nuevas habilidades. Por eso, García Verdugo habla más de trabajar por la plasticidad sináptica, “por fortalecer la capacidad exclusiva de las neuronas para cambiar y conectar distintos sentidos mediante el aprendizaje”, explica.
Al final, se trata de cuidarlas. El alcohol y las drogas matan a las neuronas y varían la plasticidad sináptica. También el tabaco, la contaminación o cualquier elemento que afecte negativamente al sistema nervioso. Y la falta de ejercicio mental o la soledad. “Las neuronas no mueren por exceso de actividad, sino por justamente lo contrario, por inactividad”, confirma el experto García Verdugo.
Pero numerosos estudios se han ocupado de establecer pautas y mecanismos para promover la neurogénesis adulta. Muchos investigadores han tratado de determinar cuáles son los procesos para alentar la creación de nuevas neuronas. Y los han transformado en consejos, en buenas prácticas para ayudar al cerebro en su silenciosa tarea. ¿Cómo? Aparentemente, es más sencillo de lo que cabía esperar.
Sandrine Thuret, neurocientífica del King’s College de Londres, es una de las principales investigadoras de la neurogénesis del mundo. Ella sostiene con contundencia que el hipocampo continúa generando neuronas fundamentales para los procesos de aprendizaje y memoria durante toda la vida.
Thuret apunta además, con sus estudios, a que estos procesos pueden reforzarse adoptando unos hábitos de vida saludables. Y sus conclusiones se cruzan con las de otros muchos análisis que profundizan en estas pautas:
1. Ejercicio aeróbico. … “caminar a buen ritmo durante 30 minutos, cinco días a la semana”, como punto de partida, según el vocal de la SEN Pablo Irimia.
2. Alimentación. Apostar por la dieta mediterránea y por planes hipocalóricosparece ser, de nuevo, una decisión más que acertada…
3. Sexo. El estudio publicado por la Us National Library of Medicine comprobó que el hipocampo produce #Neuronas nuevas cuando el cuerpo queda expuesto a la práctica del sexo de forma continuada, mejorando así la función cognitiva. Pero avisan: “La experiencia sexual repetida puede estimular la neurogénesis adulta siempre que esta persista en el tiempo”…
4. Estrés y ansiedad bajo control. Es, también, factor determinante para el correcto funcionamiento del cerebro, para el mantenimiento de la plasticidad neuronal y para el fomento de procesos de neurogénesis más relevantes…
5. Mente siempre activa. Se trata, quizá, del consejo más relevante: “El aprendizaje genera conexiones entre las diferentes zonas del cerebro, y por eso es clave para que este se pueda anteponer a su deterioro”, explica el neurólogo Irimia, que añade: “No se trata únicamente de leer mucho, sino también de mantener una interacción social habitual y estimular al cerebro constantemente”.
El cerebro es cada día un poco menos insondable. De ello se ocupan los cientos de científicos que se afanan por desentrañar sus secretos y por intentar entenderlo para cuidarlo mejor. ¿El siguiente misterio por desvelar, el siguiente mito por derribar? Quién sabe. Pero lo que es seguro es que todavía queda mucho por conocer. Y que nuestros cerebros deberán estar listos para comprender todo aquello que todavía hoy ellos mismos esconden.

Descubrir cómo salir de una depresión es el gran caballo de batalla del siglo XXI. Hemos adquirido un estilo de vida que nos empuja a sentirnos insatisfechos, una forma de vivir en la que nunca nada parece bastante, donde la comparación siempre está presente. Vivimos inmersos en tal espiral que nunca valoramos lo que tenemos (el gran error que todos hemos cometido), donde trabajamos y estamos más ocupados que nunca, convencidos de que estamos haciendo lo correcto o, al menos, cosas importantes.
No es fácil hablar de un tema como la ansiedad y la depresión; tampoco analizar sus motivos: son múltiples y pueden ser intensos, muy distintos y complejos. Esto es un simple artículo y no un libro ni un tratado sobre el tema. Un análisis y unas conclusiones basadas en mis libros y en la experiencia adquirida en los talleres de crecimiento personal que imparto.
Lo que sí es sorprendente es la facilidad con la que hoy en día muchas personas caen en la depresión, o cómo sin caer tan profundo (depresión crónica o depresión mayor) se sumergen en espirales negativas y actitudes depresivas que llevan a la desesperación; trastornos de ánimo que pueden convertirse en una verdadera cárcel emocional…

Aunque estos dos trastornos emocionales son diferentes, en ocasiones presentan ciertas similitudes que dificultan a la persona que los padece distinguir qué le está sucediendo. Incluso también una misma persona puede presentar cuadros de ansiedad y de depresión. Aquí más que nunca, recurre a un profesional que pueda orientarte…
Vivimos una época de enorme incertidumbre, sin embargo hemos sido educados para la seguridad y la estabilidad (miedo al cambio). La falta de ello -unida a la volatilidad de las circunstancias, crisis, dudas y miedo al futuro– es la causa de numerosos conflictos emocionales, ansiedad y preocupación…
La historia que nos contamos y que nos repetimos cada día sobre nuestra vida, sobre nuestro pasado, las etiquetas que nos hemos puesto y creído. A veces, miramos al pasado para encontrar una justificación que lo explique todo y que sirva de excusa…
Por otro lado, a través de los medios, revistas y redes sociales estamos expuestos a maravillosas vidas perfectas e ideales. Y a pesar de las posibles crisis y situaciones preocupantes, también nos aborda una gran exaltación simplificada de la positividad, una especie de obligación de tener que ser felices y mostrar nuestras maravillosas vidas en el escaparate de las redes sociales…

Debemos entender que el verdadero enemigo surge cuando el poder del pensamiento y nuestro enfoque están absolutamente centrados en el problema, en lo que está mal, en lo que nos falta y en lo que no funciona. Tal es así que aunque a nuestro alrededor puedan ocurrir cosas maravillosas, siempre regresamos a nuestra particular cárcel invisible. Llegamos a ver la realidad absolutamente distorsionada, magnificándola y exagerándola, convirtiendo esa distorsión en la percepción de nuestra realidad…
a) El primer paso es la comprensión
b) Dejar de fustigarse
c) Deja de mirar atrás y comienza a mirar hacia delante
d) Aceptar la situación
e) Deja de compararte
f) Trabaja tu confianza para aumentar tu autoestima
A día de hoy, lo que más me asombra de los miles de mensajes que sigo recibiendo son los testimonios de personas que, tras leer el libro Donde tus sueños te lleven se han sentido totalmente identificados con el personaje de la historia; han comprendido de dónde surgían muchos de esos conflictos. Han conseguido aceptar sus historias, su pasado, han logrado perdonarse, superar muchos miedos, respetarse; encontrar su porqué, coger su dignidad por bandera y tomar decisiones que realmente han cambiado su forma de ver la vida (y su destino).
Son muchas las personas a las que ese libro les ha ayudado a superar su depresión y sus conflictos. Supongo que por eso muchos psicólogos y terapeutas profesionales lo recomiendan a sus pacientes.
a) Lo primero que necesita es tu comprensión
b) Sácale de su rutina
c) Hay que enfrentarse al problema