#Formacion, #Educacion #Salud – Consejos para proteger el corazón de las altas temperaturas. #Corazon #AltasTemperaturas #ProblemasCardiovasculares


Cedido By Copyright © 2026. Ediciones de Salud, Nutrición y Bienestar, S.L.

Estimado Lector,

Los episodios de calor intenso suponen un grave riesgo para la salud, pudiendo incluso resultar mortales. Basta señalar las 546.00 muertes que se producen en todo el mundo, asociadas a esas altas temperaturas.

Para evitar este desenlace fatal, lo primero es aprender a identificar los síntomas que alertan de que el organismo no puede hacer frente a ese calor extremo. Y en especial el corazón.

Atención si padece problemas cardiovasculares.

Los efectos adversos del calor sobre la salud suelen asociarse al cansancio, a la deshidratación o al malestar general, pero el corazón también sufre. Y es que, cuando suben las temperaturas, es uno de los primeros órganos que se movilizan para poder mantener una temperatura corporal estable. Y para ello hay que adaptar la circulación sanguínea.

Son varios los mecanismos que se ponen en marcha para eliminar el exceso de calor del cuerpo:

  • Dilatación de los vasos sanguíneos de la piel.
  • Aumento del flujo sanguíneo periférico.
  • Aceleración del ritmo cardíaco.
  • Producción de sudor para enfriar el organismo.

En una persona joven y sana, estos mecanismos suelen ser eficaces. Sin embargo, en personas vulnerables (mayores, hipertensos, pacientes con insuficiencia cardíaca o que siguen tratamientos cardiovasculares), esta adaptación puede resultar insuficiente.

Además, como se está exigiendo demasiado al sistema cardiovascular, pueden surgir problemas relacionados con el mismo: la presión arterial disminuye, el ritmo cardíaco se acelera en exceso y el corazón puede quedarse sin oxígeno (sobre todo en caso de enfermedad coronaria).

Asimismo, estos problemas se agravan cuando el calor va acompañado de una elevada humedad, de ausencia de viento o de noches demasiado cálidas que impiden que el organismo se recupere de todo ese estrés térmico.

Y la situación es aún más delicada durante los primeros episodios de calor intenso, pues el cuerpo todavía no ha tenido tiempo de aclimatarse a ese aumento de las temperaturas.

Arritmias, insuficiencia cardíaca…

Las altas temperaturas hacen que aumente el ritmo cardíaco, lo que a su vez aumenta el riesgo de arritmia. Es decir, el ritmo cardíaco se vuelve anormal, ya sea yendo demasiado rápido o demasiado lento.

Los principales síntomas que alertan de una arritmia son palpitaciones, dificultades para respirar, mareos o incluso desmayos.

Entre las arritmias más frecuentes destaca la fibrilación auricular, en la que las aurículas del corazón se contraen de forma rápida y desorganizada. Y, debido a ello, la sangre no circula correctamente y hay un mayor riesgo de que se formen coágulos o de sufrir un accidente cerebrovascular (ictus).

A este respecto, algunos estudios han señalado que los episodios de fibrilación auricular son entre dos y tres veces más frecuentes durante los períodos de calor extremo. Y es que la pérdida de minerales esenciales a través del sudor (principalmente sodio, pero también potasio y magnesio), junto con un aumento del estrés cardíaco y los trastornos del sueño (debido a noches calurosas que impiden dormir) crean el terreno idóneo para estas alteraciones cardíacas.

Por ello, conviene extremar las precauciones. Especialmente en el caso de insuficiencia cardíaca, pues el corazón ya tiene dificultades para garantizar una circulación eficaz en reposo. Más aún cuando llega el calor intenso y se le hace trabajar aún más.

Medicamentos y sus interacciones con el calor.

Algunos fármacos pueden afectar a los mecanismos que el organismo pone en marcha para adaptarse a las altas temperaturas. Por ejemplo, es el caso de los diuréticos, ya que incrementan la pérdida de líquidos, lo que a su vez aumenta el riesgo de deshidratación y de pérdida de minerales.

Por su parte, los betabloqueantes actúan ralentizando la frecuencia cardíaca. Pero cuando hace mucho calor el cuerpo necesita, precisamente, aumentar el gasto cardíaco para eliminar el exceso de temperatura, lo que puede poner en riesgo la salud de quien toma estos medicamentos.

Atención: aunque estos fármacos puedan resultar contraproducentes en episodios de calor extremo, en ningún caso deben suprimirse sin contar con el asesoramiento del médico. Lo mejor es consultarlo con su médico, por si fuera necesario hacer algún cambio, y aplicar las medidas preventivas que enseguida comparto con usted.

Ni siquiera los deportistas están a salvo.

Aunque las personas con insuficiencia cardíaca o de más edad tengan más riesgos de sufrir afecciones del corazón por culpa del calor extremo, no significa que el corazón del resto de personas sea inmune a las altas temperaturas. Basta pensar, por ejemplo, en los deportistas que sufren infartos mientras hacen pruebas especialmente exigentes, incluso cuando han entrenado para ello.

Para evitar que esto ocurra, hay que aplicar estas medidas de manera constante en cuanto suben las temperaturas:

Aumente el consumo de frutas y verduras ricas en agua. Y evite las comidas demasiado copiosas, pues hacen trabajar más al sistema digestivo. Y esto hace que el organismo utilice más energía en ese sistema que en ayudar a refrescar el cuerpo.

Beba antes de tener sed. Es recomendable consumir pequeñas cantidades de agua (o infusiones) de forma regular a lo largo del día hasta alcanzar, como mínimo, 1,5 litros. Y es que cuando experimentamos sed, ya estamos sufriendo un grado de deshidratación, lo que puede resultar muy peligroso en los días de especial calor.

Procure mantener fresco su entorno. Por ejemplo, cierre persianas y ventanas durante las horas de más calor. Ventile la vivienda temprano por la mañana y al anochecer. Y, si es posible, utilice ventiladores o aire acondicionado.

Evite practicar deporte bajo el sol. Sobre todo en las horas centrales del día. Y durante las olas de calor, por lo general es mejor no realizar esfuerzos demasiado intensos. El objetivo no es dejar de moverse, sino adaptarse al entorno.

Intente echarse una pequeña siesta después de comer. Así podrá ayudar a que el organismo a recuperarse, pues no siempre lo consigue por la noche debido precisamente al calor.

Dúchese con agua fresca con regularidad. Y, si no es posible, al menos, mójese la nuca y los antebrazos.

Fuente: Salud, Nutrición y Bienestar.

Artículo recopilado por Niklauss para CatSeguros.net.

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