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No se deje engañar por este último consejo sobre el coronavirus.
Una vez más es hora de revisar la obsesión de la corriente principal con la aspirina y sus muchos supuestos beneficios.
Se conocen sus peligrosos efectos secundarios. Claro, es barata y de fácil acceso, pero no hay razón para seguir presionando a todos.
Sobre todo porque los científicos han recomendado que NADIE mayor de 70 años tome aspirina. A partir de 70 años las aspirinas no previenen el riesgo de infarto o ictus y sí incrementa de modo severo el riesgo de sangrado gástrico y cerebral, así como la presencia de hematomas dérmicos por pequeños traumas.
Pero eso no ha impedido que la corriente principal invente una nueva táctica para que tome este medicamento con la excusa de reducir su riesgo de complicaciones por Covid-19.
Por eso hoy quiero compartir esta información con usted.
¿Ayuda realmente la aspirina con las complicaciones de la Covid-19?
En un nuevo estudio publicado en la revista Anesthesia and Analgesia, los investigadores revisaron los registros médicos de 412 pacientes con Covid-19 hospitalizados.
Aproximadamente una cuarta parte de los pacientes tomó una aspirina diaria en dosis baja antes de ser ingresados o inmediatamente después. Y los investigadores encontraron que el uso de aspirina se asoció con:
- Reducción del 44 por ciento en el riesgo de necesitar respiración asistida.
- Disminución del 43 por ciento en el riesgo de ingreso en la UCI.
- Disminución del 47 por ciento en el riesgo de morir en el hospital.
Todo esto suena como una gran noticia … hasta que profundicemos en los hechos.
Incluso en dosis bajas, se ha descubierto que la aspirina aumenta el riesgo de SANGRADO dentro del cráneo.
Así es, incluso solo de 75 a 100 miligramos de aspirina podrían causar una hemorragia cerebral.
Entonces, la pregunta que debe hacerse es: ¿Realmente necesita tomar aspirina para reducir el riesgo de complicaciones graves de Covid-19?
En su lugar, le recomiendo que aumente la ingesta de suplementos que estimulan el sistema inmunitario como: vitaminas C y D, zinc, saúco, factor de transferencia, equinácea y monolaurina.

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Lleve las manos atrás y apóyelas en el suelo por detrás del tronco, como si le ayudasen a no caerse, pero sin ejercer presión en los dedos (como ve en la imagen).
Las rodillas, aún cruzadas, descienden un poco.
En el primer ejercicio deberá apoyarse en cualquier soporte recto (por ejemplo, el marco de una puerta o la esquina de un mueble) y colocar la mano ligeramente por debajo del hombro. A continuación, manteniendo el vientre firme y la columna alineada, lleve el cuerpo lejos de su brazo. Coloque la mano opuesta sobre la cabeza y estire el cuello hacia el lado contrario, manteniendo la posición durante 30 segundos en cada lado.
Partiendo de la posición de pie, debe agacharse lo más que pueda y agarrarse a un soporte sólido (la pata de una mesa, un mueble…) que le ayude a mantener la postura con los brazos estirados. Una vez en cuclillas, estírese para poner la espalda recta y mantenga los talones firmemente apoyados en el suelo.















