«No puedo permitirme una habitación en un piso compartido porque no podría pagarla y eso sería volver a empezar»
Hay muchas personas bloqueadas en esa situación. Gente que ha terminado su proceso dentro de un centro residencial, que se ha podido recuperar de las secuelas de la calle y que está preparada para tener una vida autónoma, pero no puede. Si una habitación en Barcelona cuesta 400 euros y tienes que pagarte casi trescientos euros del seguro de autónomos, pagar gasolina y mantenimiento de tu vehículo, porque eres repartidor, es que es imposible”.
Es el caso de Vicente (nombre ficticio): “Tengo un trabajo pero, de momento, no puedo permitirme una habitación en un piso compartido porque no podría pagarla y eso sería volver a empezar. Así que ahorro”.
Vicente, de origen nigeriano, trabajaba en un barco con destino a Liverpool cuando decidió bajarse en España. Era 1995 y le atraía la imagen de un Estado turístico en pleno despegue económico. Le aseguraron que encontraría empleo rápido en cruceros. Descendió en Alicante y empezó a buscar.
“Pronto comprobé que no era como me habían contado, que no había cruceros y que no era lugar para un extracomunitario”, relata. “Decidí estudiar inglés en una academia para tener alternativas. Allí conocí a una mujer española, nos enamoramos, tuvimos dos hijos. Pero acabamos separándonos. Encontré trabajo en Suiza. Estando allí me avisaron de que tenía que resolver un asunto administrativo en España, aterricé en Barcelona y ya empecé a dormir en la calle mientras intentaba resolverlo. Me fui a la Zona Franca, me apunté en servicios sociales. No es fácil entrar, tardan en llamarte, tienes que estar localizable”.
¿Cómo lo recuerda? “Era noviembre, hacía frío. Lo peor es el frío, te enferma, te afecta psicológicamente. Por suerte tenía un saco de dormir que había comprado en Suiza. Dormía en la calle con el saco. Compruebas que es muy complicado no tener un lugar donde vivir. Hay duchas públicas, sitios en donde te dan comida… pero cada cosa está en un punto y no tienes dinero para el autobús o para el metro. Te gastas lo poco que consigues solo en moverte por la ciudad para sobrevivir. Dejas de ducharte todos los días. Acabas yendo sucio y eso causa rechazo. Y vas cargando con tus cosas. Me hablaron de un lugar en el Raval en donde te ayudaban a guardarlas, pero aunque consigas algo así, llevas bolsas. Si vas a un sitio donde el horario para darte comida es de diez a once de la mañana, te guardas algo para la noche en una bolsa”.
El distrito centro de las ciudades concentra buena parte del sinhogarismo en situación de calle, porque hay más anonimato y porque la mayoría de los recursos para personas sin hogar se concentran en esa zona. “¿Hasta qué punto no prefijamos la ruta de las personas sin hogar?”, se preguntan en conversación con Público desde la Asociación Moradas, entidad madrileña que trabaja desde el feminismo por la erradicación del sinhogarismo. “La ruta de los bocadillos, por ejemplo. Un bocadillo no saca de la situación de sin hogar, es la vivienda digna la que lo hace. Solo se ponen parches, no hay estrategias, es una dejación de funciones de la administración”.
«Tenemos mucha gente condenada a la irregularidad administrativa en nuestros municipios»
Según el reciente estudio de Rais La discriminación como barrera de acceso a los recursos, el primer escollo para recibir en igualdad recursos sociales, económicos y sanitarios es la falta de flexibilidad en las normativas relacionadas con la documentación, como la del empadronamiento. Aquí se incluye el problema derivado de la obligada rotación en alojamientos como albergues, convertidos en puertas giratorias, espacios alternantes de los que no se sale. Es lo que Feantsa denomina “riesgo de alberguización” producto de políticas que ignoran las causas estructurales de la pobreza y no actúan para garantizar el derecho a la vivienda. Rais insiste en la necesidad de encontrar nuevos canales para hacer llegar la información a las personas sin hogar y aumentar el número de equipos de calle.“
«Tenemos mucha gente condenada a la irregularidad administrativa en nuestros municipios”, dice Laura Guijarro. “Eso hace que no puedan encontrar ni vivienda ni empleo. Es el caso de la proveniente de los flujos migratorios. Ha aumentado su criminalización. Los discursos políticos racistas se alimentan de esto”.
A José Manuel Caballol, director general de Rais, le parece “peligrosísima” la deriva de la extrema derecha “en toda Europa”. “En Hungría han hecho delito dormir en la calle. Les ponen multas que les imposibilitan cualquier recuperación, porque en cuanto tenga un domicilio le vendrán todas las multas. Fomentan el odio al pobre. Aquí tuvimos la fortuna de que la Fundéu nombrase palabra del año 2017”.
“Las personas sin hogar lo único que tienen en común es que carecen de una vivienda”, explica Laura Guijarro. “Son las causas estructurales las que las han llevado a eso. No son las personas con comportamientos extraños y desviados que queremos ver para culpabilizarlas. No hay que hablar de vagabundos, mendigos, indigentes y otras palabras despectivas. Hay que hablar de la situación, el sinhogarismo, para empezar a hacer visible el verdadero problema: la vulneración del derecho a un techo cada vez más extensa”. De hecho, la Estrategia estatal integral 2015-2020 especifica que las personas sin hogar tienen “rasgos demográficos cada vez más similares a cualquier persona ‘integrada’ en la sociedad”.
Al lado de un creciente número de jóvenes, cada día hay también más hombres y mujeres mayores de 45 años que se quedan sin casa y sufren discriminación.
Cada seis días muere una persona en la calle. Cada dieciocho días, con violencia. Según datos de Rais, la mitad de las personas sin hogar ha sufrido violencia o aporofobia. El 87% de estas agresiones no se denuncia. Más de una de cada cuatro mujeres sin hogar se encuentra en esta situación por haber sufrido violencia.
Según detalla la Asociación Moradas, en la realidad oculta de las mujeres sin un techo seguro “el problema está muy relacionado con la violencia de género, pero no se suele abordar. Según el INE es la primera causa de abandono del hogar. La siguen sufriendo las mujeres que viven en la calle o en albergues. Los centros de acogida han sido concebidos para hombres, ellas tienen que entrar por ese aro. No hay un especialista en violencia de género o un psicólogo que lo detecte y ayude a encontrar otro camino. Hay mujeres que nos dicen: “Prefiero que me pegue uno a que me peguen todos”, es una estrategia de supervivencia límite”.

Mujeres sin hogar
La estrategia Housing First
El único país que ha conseguido reducir hasta casi erradicar el sinhogarismo es Finlandia. ¿Qué hace diferente? Diseñar una estrategia política estatal en la que se implicaron todos los actores sociales desde finales de los 80, “así que nos llevan treinta años de ventaja”, apunta la representante española de Feantsa, Laura Guijarro. “Necesitamos políticas estatales o, como mínimo, de comunidades, porque una ciudad sola no tiene capacidad para acabar con el sinhogarismo. En Barcelona hay casi 1.000 personas durmiendo en la calle y la estrategia estatal para luchar contra el sinhogarismo ni siquiera tiene presupuesto”.RAIS trabaja desde hace cuatro años junto a la asociación Provivienda para desarrollar en España la metodología Housing first, que nació en Estados Unidos en los 90. “Nuestro foco son las personas que están peor, las 8.000 que no acuden a los centros de acogida ni a los albergues”, detalla José Manuel Caballol. “El Housing first consigue ofrecer de manera permanente a estas personas una vivienda incondicional. Tienen que aceptar una visita semanal y cumplir la ley de arrendamientos urbanos, como todo el mundo.Del resto, solo le ofrecemos a la persona lo que cree que necesita. Le vamos proporcionando recursos de baja exigencia y menor calidad en la calle y a medida que se compromete le ofrecemos recursos de mayor calidad. Hay personas que tienen pensiones no contributivas o rentas mínimas y aportan el 30% de sus ingresos. Estar domiciliado es asegurar pensión sanitaria de manera regular, es tener la posibilidad de gestionar la prestación que no has podido en la calle y estar lejos de personas que agreden y llegan a matar. Además, hay un alto porcentaje que recupera sus relaciones familiares una vez que tienen una casa”. Sin embargo, tal como analiza Guijarro, “el éxito no es el Housing first sino lo que se hace antes, el evitar que nadie llegue a la calle”. “Finlandia invierte en prevención, tiene un parque de vivienda social de un 20%. En Barcelona es del 1% (aunque la Generalitat ha validado la medida aprobada por el Ayuntamiento de Barcelona de destinar un 30% de las nuevas edificaciones a vivienda social). Nosotros hemos tenido que recurrir al mercado privado para alojar a las personas a las que acompañamos”.Según sus datos, Finlandia reconvirtió los albergues en apartamentos individuales: de tener 65 apartamentos independientes en el año 1985 pasó a 2.433 en el año 2016. “Es difícil que una persona se caiga del sistema y los que se quedan fuera los realojan, les ofrecen vivienda y acompañamiento. Pretender acabar con el sinhogarismo solo a través del Housing first no tiene sentido. Mientras haya gente que no pueda pagar alquiler, incluso aunque tenga un trabajo, seguiremos así”.El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se ha comprometido a revitalizar la Estrategia nacional integral para personas sin hogar 2015-2020, paralizada desde el inicio.El director general de Rais tiene “el convencimiento” de que los compromisos adquiridos “son verdaderos”, “aunque ni ellos mismos saben cuánto tiempo tienen”. “Lo primero es que haya una partida en los Presupuestos Generales del Estado para el sinhogarismo”. El año pasado el Grupo Socialista ya presentó una enmienda que rechazaron PP y Ciudadanos. “Lo segundo es crear una comisión interministerial para sinhogarismo”. Las políticas de vivienda se han dirigido históricamente en el Estado español a generar actividad económica, crediticia e inmobiliaria, y a crear empleo, no a favorecer un lugar digno donde vivir. Es significativo que la primera Ley de regulación y uso del suelo y ordenación urbana de 1956 dependía del Ministerio de Trabajo. “No vamos a ser capaces si actuamos solo desde Servicios Sociales. Tiene que estar presente Vivienda. En Francia ya lo hacen así, en Finlandia es Vivienda quien está liderando el proceso. Este método es más barato que el tradicional, más barato que una plaza en un albergue y ahorra al sistema: en Francia se ahorra 2000 euros por persona”.
“A quien se quede sin hogar me gustaría animarlo a que se mantenga fuerte y busque ayuda”
“No somos Finlandia pero creemos que se pueden hacer muchas cosas”, dice Laura Guijarro. “Hace falta entender que muchos de nosotros sufrimos a lo largo de la vida situaciones de exclusión social, aunque no lleguemos nunca a la calle. Nos quedamos en paro, nuestro proyecto familiar se rompe o vemos aspectos importantes de nuestra vida truncados. Es el conjunto de situaciones de exclusión el que lleva a la calle”.»Hoy estás normal en tu casa y mañana la vida se te rompe y acabas durmiendo en la calle»Antes de regresar al trabajo Vicente reflexiona: “Mientras estés vivo no puedes decir de esta agua no beberé, te puede pasar, te puedes quedar en la calle. Si te pasa, hay que intentar mantener la calma y buscar ayuda, aunque sea lenta. Es verdad que encuentras más recursos en una gran ciudad como Barcelona. Lo normal es que en los sitios para dormir te puedas quedar como mucho un mes. A mí en el Sant Joan de Déu me resucitaron de la muerte. Aquí me han ofrecido ayuda integral y puedo estar hasta que mi empleo sea más estable. Es una segunda oportunidad de vida”.En esto coincide María: “A una persona que pierda su techo me gustaría animarla a que se mantenga fuerte y ojalá logre no caer en la trampa de las drogas o el alcohol o hacer algo inoportuno. Es muy duro, pero seguro, seguro, que podrá salir de la calle si da con la ayuda adecuada. Yo he podido coger las riendas de mi vida. A los responsables políticos les diría que se pongan en ese lugar, que nada es 100% estable, que hoy estás normal en tu casa y mañana la vida se te rompe. Hay que hacer políticas que impidan llegar a ese punto y, si sucede, darle solución”.
La FUENTE y su comentario.
J. Carlos Viniegra (@xarlie1968) twitteó a las 6:27 p. m. on jue., ene. 31, 2019:
Como Coordinador de @homelesspreneur vengo exponiendo FEFA hace tiempo que el SinHogarismo del Siglo XXI va mucho más allá de lo que vemos y que es hora de cambiar entre todos tanto las Políticas Sociales y de Vivienda como la implicación ciudadana. https://t.co/sWBdqhJ15h
(https://twitter.com/xarlie1968/status/1091025067406966786?s=09)
El Comentario de @CatSeguros By ©® LNC.
Ud, Lector@, hágame un favor (que es justamente lo que yo, como redactor, he hecho al leer este artículo por primera vez): relea el titular del artículo.
Permítame que ahora le haga una pregunta: ¿de verdad no cree (o, sí) que esa persona sin hogar se pueda parecer tanto a Ud?
Le voy a poner unos pocos ejemplos de personas muy conocidas públicamente que en alguna ocasión (no por pocos días, ni por pocas semanas) has sido «Personas Sin Hogar»:



¿Todavía sigue creyendo que esa «Persona Sin Hogar» no se parece (o sí) a Ud?