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¿Podría la Covid-19 afectar a su cerebro?.
Desde que el nuevo coronavirus se extendió por primera vez, hemos sabido que podría tener un efecto prolongado en los pulmones.
Y, por supuesto, el virus ciertamente ataca a los pulmones.
Pero resulta que los pulmones pueden no ser la única complicación por la que debería preocuparse. Porque una investigación reciente muestra cómo la Covid-19 también podría dañar su cerebro y su sistema nervioso.
Los efectos de la Covid-19 en el organismo son abundantes, y ahora un nuevo estudio publicado en la revista Annals of Clinical and Translational Neurology puede haber descubierto otra complicación.
Para el estudio, los investigadores analizaron los primeros 509 pacientes con Covid-19 admitidos en el Northwestern Medicine System de Chicago. Y encontraron que 419 de ellos tenían síntomas neurológicos durante el curso de la enfermedad. En concreto, presentaban:
- Mialgia (dolor muscular).
- Dolor de cabeza.
- Encefalopatía: cualquier enfermedad cerebral que altera la función o estructura del cerebro.
- Mareo.
- Disgeusia (sentido del gusto alterado o deteriorado).
- Anosmia (pérdida total o parcial del olfato).
- Ictus por trombosis intracerebral y la encefalopatía difusa no focalizada.
La mayoría de los pacientes con síntomas neurológicos tuvieron una evolución favorable al alta, pero los diagnosticados con encefalopatía (casi uno de cada tres pacientes) tenían un mayor riesgo de morbilidad o mortalidad.
Según los expertos, las complicaciones neurológicas del virus son frecuentes y, en muchos casos, de larga duración.
Por supuesto, aún se necesita más investigación para explicar la relación entre esta enfermedad y sus manifestaciones neurológicas.
Mientras tanto, tenga en cuenta que si experimenta algún síntoma neurológico, debe consultar con su médico.
Le sugiero que comience a tomar complementos de vitamina C y D, zinc , bayas de saúco, factores de transferencia, equinácea y monolaurina, si es que aún no lo ha hecho, para obtener el mejor apoyo.

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Lleve las manos atrás y apóyelas en el suelo por detrás del tronco, como si le ayudasen a no caerse, pero sin ejercer presión en los dedos (como ve en la imagen).
Las rodillas, aún cruzadas, descienden un poco.
En el primer ejercicio deberá apoyarse en cualquier soporte recto (por ejemplo, el marco de una puerta o la esquina de un mueble) y colocar la mano ligeramente por debajo del hombro. A continuación, manteniendo el vientre firme y la columna alineada, lleve el cuerpo lejos de su brazo. Coloque la mano opuesta sobre la cabeza y estire el cuello hacia el lado contrario, manteniendo la posición durante 30 segundos en cada lado.
Partiendo de la posición de pie, debe agacharse lo más que pueda y agarrarse a un soporte sólido (la pata de una mesa, un mueble…) que le ayude a mantener la postura con los brazos estirados. Una vez en cuclillas, estírese para poner la espalda recta y mantenga los talones firmemente apoyados en el suelo.


